jueves, enero 22, 2004

El buen sentido nos dice que las cosas terrenales tienen una existencia muy corta y que sólo en sueños se encuentra la verdadera realidad. Para digerir tanto la felicidad natural como la artificial, hay que tener antes la valentía de tragarla; pero quienes merecían la dicha son precisamente aquellos a quienes la felicidad, tal como la entienden los mortales, siempre les ha producido el efecto de un vomitivo.